La pregunta flota en el aire como un estribillo repetido. No hay dudas de que derecha, a pesar de algún matiz, tiene consenso en un proyecto de país. Ese bloque lo conduce Milei, que absorbió el voto tradicional del PRO, el antiperonista y el liberal; incluso, por estética, logró un anclaje que el PRO nunca terminó de consolidar en los sectores populares.

Las tensiones existen, roces y negociaciones puntuales, pero sigue siendo Milei quien marca y hegemoniza

¿Y el peronismo? Dentro del campo popular todo está por definirse, y el 2026 aparece como un año clave para saber quién tomará la dirección de la alternativa que enfrente a Milei. En La Cámpora sostienen que todo debería ordenarse detrás del lineamiento estratégico de Cristina y la conducción táctica de su hijo. Allí confluyen referentes de distintas procedencias y las organizaciones que dieron vida a “Unidos y Organizados”.

Pero no todos escuchan la misma melodía. Otros sectores imaginan y plantean una alternativa con otro color, otra estética; una nueva canción —como incomodó a más de uno escuchar— que no suene igual a la anterior. Ese espacio lo encabeza Axel Kicillof, junto a intendentes, sindicatos y organizaciones sociales que ven en su figura otro modo de interpretar el pentagrama.

Mientras tanto, espacios como los de Grabois, Moreno y otros menores se indignan por la pelea y proponen una “vía neutral”, argumentando no comprender del todo la raíz de estas tensiones. Sin embargo, de ese contrapunto saldrá, inevitablemente, la alternativa a Milei. Queda por ver quién hegemoniza, si son dos las alternativas o si existe margen para un acuerdo.

La deuda pendiente es que todos ellos logren contar cuáles son las soluciones específicas para los problemas concretos de la gente. A eso, algunos, le llaman programa. Y tal vez en ese sea el gran desafío.