Quedan menos de 10 días para el cierre de listas; poco más de un mes y medio para las elecciones provinciales del partido justicialista: la herramienta electoral del movimiento político más grande de Occidente.
Estas elecciones revisten particular importancia, porque hoy el peronismo volvió a ser un significante en disputa. En tiempos de bonanza, cuando el peronismo gobierna y transforma, la herramienta electoral se ordena naturalmente: la conducen aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar y lo hacen con el apoyo de una mayoría.
Pero, como venimos sosteniendo en estas líneas desde hace tiempo, si repasamos la historia reciente del peronismo, perdimos las presidenciales de 2015, ganamos las de 2019, hicimos un pésimo gobierno y volvimos a perder las de 2023 frente a un fascista caricaturesco y despeinado como Javier Milei. Una parodia de presidente, impresentable por donde se lo mire, pero con una violencia y un sadismo que nos obligan, a quienes militamos políticamente, a ensayar una alternativa al caos planificado.
Decíamos, en ese contexto, la conducción del peronismo entra en crisis y se torna una farsa como es hoy: una pelea de bandas que se ponen más o menos de acuerdo en las elecciones para repartir lugares en el Poder. Es momento de que eso se termine. Las urnas deben poder plasmar quiénes son los compañeros y compañeras más representativos y representativas de nuestro espacio.
Máximo Kirchner comenzó, otra vez, con el juego de las operaciones. Dejó trascender a los medios que Axel debería conducir (nadie sabe dónde ni a quién se lo dijo), pero sin una comunicación oficial ni una voz que lo ratifique. Mientras tanto, en paralelo, mandó a Florencia Saintout (funcionaria de Axel, pero militante de la Cámpora) a decir que Máximo debería conducir el PJ bonaerense. Una chanchada. Se empieza a embarrar la cancha, otra vez.
Pero nada de eso importa. No importa lo que declaren ni lo que opinen. No importa lo que quiera o declare un referente. Debemos ser tajantes: el PJ necesita tener elecciones. Las elecciones ordenan. Pondrán en su justa medida el nivel de representatividad de posiciones, como las de Fernando Gray, Pichetto, Moreno y Cúneo (estos dos últimos, sobrerrepresentados en redes sociales). Pero, sobre todo, permitirán dirimir, de una vez, qué sucede con las tensiones existentes entre Axel y Cristina: cómo lo ven las bases y qué quieren de cara a lo que viene. Y nadie tiene que asustarse. Seguramente, en los grandes temas de la Patria estaremos medianamente de acuerdo, y quien pierda acompañará con humildad.
Se deberá tener la madurez política necesaria para volver a los tiempos de internas, donde el pueblo peronista elegía a sus representaciones. Para eliminar suspicacias, planto posición: estoy convencido de que Axel Kicillof debe conducir los destinos del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, para que el partido se ocupe de lo que debe ocuparse cuando sos gobierno: generar músculo político para el gobernador compañero. Pero también porque estoy seguro que es sobre la figura de Axel que deberá construirse la alternativa para 2027.
Sobre Cristina, plantamos posición en este medio, es una presa política y debe estar en libertad. Fue quien condujo los años más felices de nuestro pueblo, al menos en lo que mi generación vivió. Pero no queremos que los destinos de nuestro movimiento estén conducidos tácticamente por Máximo Kirchner y la Cámpora. Y la explicación es política: se ha convertido en una organización burocratizada, contrarrevolucionaria, acuerdista y alejada de las bases. Eso no sería un problema si no fueran esas personas las que terminan tomando decisiones importantes, y porque fueron la organización construida sobre la imagen de Néstor y Cristina, y sobre los recursos del Estado. Naturalmente que la responsabilidad es mayor. Esta descripción atañe a las conducciones, no a las bases donde encontramos compañeros y compañeras valiosos para la construcción del futuro.
Por otro lado, creemos que Axel representa lo mejor de esos años. Que está formado y tiene llegada al pueblo. Que está exento de cualquier sospecha de causas oscuras. Que tiene la empatía y la convicción para conducir lo que viene. Como decía Néstor, esa es nuestra verdad relativa, estamos dispuestos a discutirla.
Y que sea el pueblo peronista quien decida. Si ganamos, tendremos la convicción para hacerlo, para volver a construir una esperanza; y si perdemos, la madurez para acompañar.

