Proponen y defienden un sistema que necesita excluidos para que haya ricos, pero ¿qué pasa cuando lxs excluidos se les vienen en contra? Responden con represión y encierro. Porque no consideran a todas las personas como sujetos de derechos, solo lxs necesitan como mano de obra barata para sus negocios. Pero para eso, para que puedan bancarse condiciones insalubres por sueldos exiguos, deben estar en el fondo del fondo. Si fueran esclavos, mejor. 

Indefectiblemente en algún momento esto deja de sostenerse, pero ¿cual es el costo? ¿Cuántas generaciones venideras van a pagar la fiesta de unos pocos durante estos años?

El viernes 27 de febrero de 2026 el Congreso argentino, conformado por personas que VOTAMOS de forma democrática, sancionó la baja de imputabilidad de 16 a 14 años aprobando el “nuevo régimen penal juvenil”. Régimen penal y juvenil en la misma oración me duele en lo más profundo del corazón. Preferiría, para lxs jóvenes, propuestas de contención, diversión, aprendizaje y risas. 

La votación en el Senado cerró con 44 votos a favor, 27 en contra y 1 abstención. Y así nomás, un grupo de personas con sueldos altísimos y algún regalito extra, nos cambia el paradigma que propone la Ley de Protección Integral (26.061), que indica que el Estado, la familia y la sociedad somos responsables de garantizar los derechos de niñxs y adolescentes. Derecho a la educación, la salud, la dignidad, derecho a vivir en familia, a no ser discriminadxs y a no ser privados de la libertad arbitrariamente, entre otros. Cuesta pensar que un pibe/a que está cometiendo delitos a los 14 años, tenga estos derechos garantizados ¿no? Ante esto, ¿qué propone el Gobierno? La cárcel. Es que si se cumpliera todo lo mencionado, dejarían de contar con la mano de obra barata que tanto necesitan para sus empresas, sus negocios millonarios y sus fetiches.

Demás está decir -y esto no debemos olvidarlo- que en octubre del año que pasó votamos a personas con nombre y apellido para que nos representen en la toma de decisiones que afectan directamente a todxs lxs ciudadanos de este país. Nosotrxs los sentamos en esas bancas mediante el voto, y debemos exigirles representación genuina, sino, ¡que se vayan!

Los sujetos emergen de un contexto que los moldea, los forma y los transforma. Entonces tenemos que hacernos cargo como sociedad de lxs niñxs y adolescentes que estamos creando. Porque algunos lo tienen bien claro, pero lo único que los mueve es la acumulacion de más y más riquezas. Para lograr sus objetivos necesitan de una gran mayoría, que apoye este tipo de medidas desde el desconocimiento, en pos de mayor “seguridad”.

Ahora bien, el porcentaje de delitos cometidos por menores de edad representó, en 2023 en la Provincia de Buenos Aires, un 2,2 % del total de actos delictivos que se registraron en todo el territorio durante ese año. En 2024, el 0,76% de los delitos contra la propiedad, fueron cometidos por menores de hasta 14 años. Entonces ¿es esta la solución a la mal llamada “inseguridad”? ¿Es un como sí? O ¿en realidad la medida apunta a otra cosa?

Si vamos a hablar de inseguridad, hablemos de la inseguridad social. De la injusticia social que significa nacer y crecer en un contexto desfavorable para el desarrollo subjetivo. Niñxs hambreadxs, sobreviviendo hacinadxs o viviendo en la calle, vulneradxs en la mayoría de sus derechos, excluidxs de la escuela, vetadxs de la ciudad, en situación de consumo, invisibilizadxs, sin adultos que lxs abracen y lxs arropen, rotxs por dentro y por fuera, con madres y padres que hacen lo que pueden, precarizados en todo sentido. De allí emergen. Cargan con un linaje acumulativo de misiaduras y son despreciados por una sociedad que los necesita así de fisuradxs para que el sistema económico “funcione”. ¿Funcione para quién? En este punto habría que hablar de la, hoy por hoy casi desaparecida, conciencia de clase.   

Bajar la edad de imputabilidad no previene la violencia. La previenen las políticas de inclusión y protección, educación, deporte, cultura, salud mental y trabajo.

Siendo autorreferencial, recuerdo que era bastante joven cuando empecé a trabajar con niñxs y adolescentes en situación de vulnerabilidad social, económica y afectiva. No tardé demasiado en darme cuenta de que la mejor herramienta para abordarlxs es el AMOR. El abrazo, el real y el simbólico, humaniza. No es cuestión de romantizar ni justificar nada. Es cuestión de responsabilidad social ante un sujeto que se forma a partir de la mirada de lxs otrxs. Entonces, si la mirada social les devuelve odio, bronca, indiferencia y desprecio, así serán: violentos e indiferentes. Y ahí es donde el plan perfecto empieza a salir mal. No son hechos aislados, es un sistema que lxs empuja y luego lxs encierra. No se concibe una hipocresía mayor. ¿Cuántas opciones socialmente disponibles hay para estas infancias y adolescencias? Es allí donde hay que trabajar, desarrollando sus pasiones, mostrándoles caminos diversos, música, palabras, abrazos. La sanción de esta ley, más que hablar de ellxs, habla de nosotrxs como sociedad.