AÑO NUEVO, GOLPE VIEJO

El sábado 3 de enero, a la madrugada, mientras todos estábamos descansando después de haber celebrado Año Nuevo, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos atacaron sin previo aviso bases militares de Caracas, Venezuela. En una operación sin precedentes en décadas, la administración de Donald Trump decidió secuestrar al dictador Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, violando todos los acuerdos internacionales. Fueron horas confusas, de mucha desesperación e incertidumbre. De repente, el país caribeño parecía correr la suerte de convertirse en Irak. Las imágenes del bombardeo perpetrado por la Delta Force comenzaron a viralizarse por las redes sociales. Helicópteros sobrevolando la ciudad, destellos de disparos aéreos, bombas que estallaban, gritos, cortes de luz y el miedo circundante. Ataque que dejó un saldo de 80 personas muertas, entre ellos militares, civiles, compatriotas venezolanos y cubanos. Cientos de personas sufrieron el daño colateral de los misiles y balas en sus hogares. Trabajadores que lo perdieron todo en un ataque vil y egoísta.

THE TRUMAN SHOW

A primeras horas de la mañana, por la red social Truth, llegó un comunicado oficial de parte del presidente de los Estados Unidos, que se jactaba de haber intervenido de manera ilegítima un país latinoamericano, al mejor estilo fascista, con una imagen que quedará para la historia: el mandatario Nicolás Maduro, con los ojos vendados, un conjunto deportivo, cara de desconcierto y una botella de agua en las manos. Por si fuera poco la humillación de ser secuestrado, también necesitaba ser ridiculizado en redes sociales para alimentar el morbo de los espectadores de esta dictadura de las redes sociales. También, para vitorear y decir: “yo soy el más poronga del barrio”.

SE CAE DE MADURO

Como en esta generación hay que aclarar lo obvio, me tomaré un momento para decir que claramente Maduro es un criminal que hostigó a su pueblo durante años, que tiene en su haber más de 18 .000 detenidos en toda su gestión, 6400 personas asesinadas por parte de las Fuerzas Armadas y paramilitares de Venezuela, 2000 personas que denunciaron haber sufrido violencia institucional dentro de los centros de detención y más de 2000 presos políticos, según Amnistía Internacional y un informe de Provea (Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos). 

Y leyendo esto, claro que es condenable y necesitaba ser removido del poder. Pero no en manos de una fuerza imperialista como lo es Estados Unidos, sino por su propio pueblo, como hemos visto a lo largo de la historia en nuestra tan preciada Patria Grande.

MIENTE, MIENTE, QUE ALGO QUEDARÁ

El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que esta intervención era para poner fin a un narcoestado y devolverle la libertad a los venezolanos. Pero luego resultó que, dicho por boca de Rubio y de Trump, todo esto fue para recuperar lo que los venezolanos les robaron: el petróleo que yace bajo suelo latinoamericano, en la reserva más grande del mundo. 

Luego anunciaron que Estados Unidos iba a gobernar Venezuela por un período indeterminado y, cuando pensaban que Corina Machado, fiel lamebotas de Trump, iba a ser la próxima presidenta de los venezolanos, papá Donald la humilló en cámaras y dijo: “Es buena chica, pero no tiene el respeto de su pueblo”. En cambio, decidió acordar con Delcy Rodríguez, vicepresidenta y mano derecha de Maduro. Esta movida política deja entrever dos cosas: o esto estaba pactado de antes, o fue una traición interina. Porque junto a Delcy quedó toda la cúpula del chavismo en el poder. Sin embargo, la nueva presidenta interina de Venezuela se ofreció a colaborar servilmente para que Estados Unidos logre sus objetivos en la región.

JUICIO EXPRESS

Mientras todo esto sucedía, Maduro, quien permanece arrestado con su esposa en Nueva York, está siendo juzgado por narcotráfico, acusado de encabezar y dirigir una red criminal llamada “el Cartel de los Soles”, acusación que ya fue desestimada por la Justicia de Nueva York, que confirmó que esa organización no existe. También se los acusa de conspirar para ingresar cocaína en suelo norteamericano. Lo curioso es que semanas antes Donald Trump indultó al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien había sido condenado a 45 años de cárcel por tráfico de drogas. Pero se ve que en Estados Unidos hay “traficantes” y “traficantes”.

CONTEXTO E HISTORIA DE UN PAÍS COLONIALISTA

Hecho este paréntesis, es necesario mencionar que Estados Unidos es uno de los mayores países colonialistas de la era moderna. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta 2026 intervino militarmente y de manera ilegal 260 veces. La lista de países es vasta y acá voy a dejar, tal vez, un listado incompleto:

AMÉRICA LATINA

  • Guatemala (1954): golpe de Estado contra Árbenz; guerra civil posterior con más de 200.000 muertos.
  • Cuba (1961–presente): invasión de Bahía de Cochinos y bloqueo económico; daño estructural a la economía.
  • República Dominicana (1965): invasión militar directa y derrocamiento del gobierno.
  • Chile (1973): golpe de Estado apoyado por EE. UU.; dictadura y destrucción institucional.
  • Argentina (1976): apoyo al golpe militar; terrorismo de Estado y desapariciones.
  • Nicaragua (1981–1990): guerra de los Contras; devastación económica y social.
  • Panamá (1989): invasión directa; barrios enteros destruidos.

MEDIO ORIENTE

  • Irán (1953): golpe de Estado contra Mossadegh; desestabilización duradera del país.
  • Irak (1991 y 2003): guerras e invasión; destrucción del Estado, cientos de miles de muertos.
  • Afganistán (2001–2021): guerra prolongada; colapso institucional tras la retirada.
  • Libia (2011): bombardeos liderados por EE. UU.; Estado fallido.
  • Siria (2011–presente): intervención directa e indirecta; guerra civil prolongada.
  • Yemen (2015–presente): apoyo militar a Arabia Saudita; crisis humanitaria extrema.

ASIA

  • Corea (1950–1953): guerra total; Corea del Norte quedó devastada.
  • Vietnam (1955–1975): guerra y bombardeos masivos; millones de muertos.
  • Camboya (1969–1973): bombardeos secretos; desestabilización total.
  • Laos (1964–1973): el país más bombardeado per cápita de la historia.

ÁFRICA

  • Congo (1960): golpe y asesinato de Lumumba; décadas de caos.
  • Somalia (1992–1994 y posteriores): intervenciones militares; Estado fallido.

MISIÓN HOLLYWOOD: ESTUPIDIZAR MENTES

Como se dice en la jerga: dato mata relato. Esto, aunque resulte fastidioso aclararlo una y mil veces, es necesario hasta el hartazgo. El resurgimiento del fascismo moderno no es de un momento a otro, sino la tarea incansable hecha en las sombras durante mucho tiempo. 

Cualquiera con dos dedos de frente y un poquito de historia repudiaría estos ataques de manera casi instintiva, sin caer en ninguna contradicción. Venezuela estaba bajo un gobierno de facto, pero eso no habilita a ninguna potencia a invadir y cagarse en la soberanía de un país. Pero, para sorpresa nuestra, nos encontramos con miles de venezolanos que celebraban de manera eufórica la captura de Nicolás Maduro y la “caída de un régimen nefasto”. Los que salieron a la calle no se encontraban especialmente en Caracas, sino los exiliados en distintas partes del mundo, con declaraciones que a más de uno nos dejaron con la boca abierta y una sensación de bronca en el pecho.

Estos especímenes apátridas festejaban los bombardeos a su nación, la que los engendró. Muchos, incluso televisados, pedían que Estados Unidos siguiera bombardeando Venezuela, “limpiando la mugre”, mientras la verdadera escoria eran estos lobotomizados por el Tío Sam. Porque si hay algo que hizo bien Norteamérica fue crear una industria cinematográfica en la que, poco a poco, nos metieron en la cabeza —a través de películas de acción, ciencia ficción, bélicas e históricas— que ellos eran los salvadores del mundo. Penosamente, muchos latinoamericanos se sienten más identificados con el norte que con el sur. Eso explicaría el avance letal de la extrema derecha alienada a un país imperialista que desprecia nuestras tierras, nuestras economías regionales, nuestra industria y nuestra cultura, pero desea desesperadamente, como aves de rapiña, nuestros recursos naturales. 

Así funciona la colonización: vienen con armas, fingen ser aliados, nos dan espejitos de colores, se quedan con nuestros recursos y destruyen todo lo que pueden de nuestro pueblo. El agravante, en esta era, es que cuenta con millones de personas que, debiendo defender su Patria, la entregan con gusto y por nada. “Con tal de ser libres, que se lleven todo nuestro petróleo”, dijo sin pudor Katherine Fulop. Este gesto no es de un grupito, es de un gran porcentaje de la población y es un gol en contra para quienes amamos profundamente a América Latina.

EL RESURGIMIENTO DEL FASCISMO

Este ataque no es algo aislado. Es una ficha más que mueve a cierto sector conservador e imperialista de Estados Unidos. Por supuesto, a los militares y a la industria armamentista, pero ellos solo son el brazo ejecutor de algo mucho más pesado y sombrío. 

Donald Trump declaró semanas atrás: “Es necesario retomar la Doctrina Monroe”, y luego aseveró: “Este hemisferio me pertenece”. Suena como alguien que desvaría, un viejo esquizofrénico que dice cosas sin sentido y que tiene una personalidad narcisista que lo sobrepasa. Aunque es posible que sea todo esto, en realidad el multimillonario anaranjado retoma y saca a la luz un plan histórico por parte de la casta imperialista de Norteamérica: la doctrina del terror.

James Monroe, expresidente de los Estados Unidos, proclamó en 1823 ante el Congreso el vórtice de su política exterior: “América para los americanos”. Sonaba justo y agradable, pero en realidad era todo lo contrario. La Doctrina Monroe establece tres puntos centrales:

  1. Europa no debe intervenir ni colonizar en América. Cualquier intento europeo de expansión en el continente americano sería considerado una amenaza.
  2. Estados Unidos no intervendrá en conflictos europeos. Se establecía una separación de esferas de influencia.
  3. América es una zona de influencia exclusiva de EE. UU.  Implícitamente, Estados Unidos se arrogaba el rol de “protector” del continente.

Lo que verdaderamente significó en la práctica fue otra cosa. Aunque en 1823 EE. UU. no tenía poder militar suficiente, con el tiempo la doctrina se transformó en:

  1. Justificación para intervenir en América Latina.
  2. Base ideológica del imperialismo estadounidense.
  3. Excusa para golpes de Estado, invasiones y control político.

En la práctica pasó a significar: “Ninguna potencia extranjera puede intervenir en América… excepto Estados Unidos”.

El giro clave: el Corolario Roosevelt (1904)

Theodore Roosevelt agregó que Estados Unidos tenía el derecho de intervenir militarmente en países latinoamericanos si consideraba que había “desorden”, “inestabilidad” o “mal gobierno”.

Esto habilitó:

  • ocupaciones militares
  • control de aduanas
  • protectorados de hecho

Consecuencias históricas

Bajo la Doctrina Monroe y su corolario se produjeron:

  • Intervenciones en Cuba, Panamá, Nicaragua, Haití y República Dominicana
  • Golpes de Estado apoyados en Guatemala, Chile, Brasil y Argentina
  • Instalación de dictaduras alineadas con Estados Unidos

Entonces, entendiendo qué fue la Doctrina Monroe, queda más que claro que no son las declaraciones de alguien pedante y senil —aunque reafirmo que Trump es todo eso y más—, sino parte de un plan que no va a terminar cuando deje la presidencia. Lo que está sucediendo ahora siempre sucedió; la diferencia neta es que ahora no lo esconden: alardean, pasan por encima de su Congreso, de los tratados internacionales firmados por la ONU y pareciera que están dispuestos a ir por todo sin importar el costo político.

PELIGROS Y OPORTUNIDADES

Trump, lejos de calmar su sed de intervenir militarmente otros países, horas después amenazó con invadir Colombia, México y Cuba. Luego anunció que también querían anexar Groenlandia y, el día jueves, comunicó que Estados Unidos se retiraba de 66 organismos internacionales que atentaban contra sus intereses. Esto puede significar dos cosas: el inicio de una era expansionista, como lo fue la Alemania nazi de la mano de Hitler, y ponernos al borde de un nuevo conflicto mundial; o los manotazos de ahogado de un imperio que se está carcomiendo por dentro. 

Sin lugar a dudas, estoy dejando fuera del análisis a Rusia, China y la Comunidad Europea, pero creo que tendremos tiempo de hablar de eso en otra editorial no muy lejana. También evité profundizar en el tema recurrente del petróleo y la puja de poder del narcotráfico. Cuando te blanquean el motivo real, suele ser un truco de ilusionismo: mantienen nuestro foco ahí mientras hacen desaparecer otra cosa. No creamos toda declaración audaz de la parafernalia del poder. Esto es un juego de poder, y el poder real nunca muestra todas sus cartas.

¿Qué pudiera pasar de bueno en todo esto?

Hay varias posibilidades positivas. Habrá que ser pacientes y ver hacia dónde se inclina el péndulo. Aunque Trump parecía desenfrenado y sin límites, el mismo jueves que anunció su retirada de organismos internacionales, el Senado le frenó el carro y le prohibió tomar cualquier acción militar contra Venezuela o cualquier otra nación. Falta la resolución de la Cámara Baja, pero se intuye que ocurrirá algo similar. A esto se suman las múltiples protestas en varios estados por los asesinatos que está cometiendo el ICE contra inmigrantes, y también el repudio al ataque y la intervención en Venezuela. Son síntomas alentadores dentro de la propia sociedad estadounidense.

En América Latina, cada vez que Estados Unidos ejerce este tipo de injerencia, despierta una célula dormida en el Sur. Resurge la sangre que corría por las venas de San Martín y Bolívar, aquellos que soñaron con una Patria Grande libre de todo colonialismo. También hay síntomas positivos que laten con fuerza: Petro, Lula y Pardo, presidentes con una identidad sólida en sus raíces, que extienden sus brazos a un pueblo golpeado tantas veces. En Argentina cuesta verlo, porque quien nos preside está alineado al norte, pero el pueblo siempre respira viento sur.

OBSERVACIÓN FINAL Y CONSEJO DE YAPA

Son horas tempranas para sacar conclusiones finales en un comienzo de año tan brusco. Lo mejor es observar, tener paciencia y no perder el ánimo. Saber cuándo es tiempo de discutir y levantar la voz, pero sobre todo no perder el tiempo intentando convencer a los vendepatrias. Esas cabezas ya están cauterizadas por el cipayismo reinante. Mejor es unir fuerzas con aquellos que caminan aún sin piernas, pero sin rendirse.