Hacia finales del mundial comenzó una campaña que se denominó anti-argentina. Esto tiene que ver con un conjunto de declaraciones de cantantes, artistas e influencers en redes sociales. Luego también la violencia se trasladó a la calle, en distintos lugares del mundo, sobre todo en España.
Los argentinos nos indignamos, porque sabemos que el nuestro es un pueblo de brazos abiertos. El pueblo argentino, a diferencia de muchas naciones europeas, no sabe de invasiones ni colonialismos. El nuestro es un pueblo que recibió españoles, italianos, polacos y rusos (por nombrar solo algunos); y en las últimas décadas también llegaron hermanos de diversos pueblos de Latinoamérica: Bolivia, Uruguay, Perú, Colombia, Venezuela, entre otros.
El tema es Milei. Las expresiones del presidente tuvieron el punto más álgido en su discurso en Davos. El mismo marcó un punto de inflexión, porque llegó a arrojar barbaridades tales como “los homosexuales son pedófilos”, entre otras. A los ojos del mundo, esa es la voz que nos representa.
También el mundo “nos cobra” el alineamiento a dos criminales de guerra como Trump y Netanyahu. El alineamiento irrestricto a los dos tipos que están cometiendo un exterminio en Medio Oriente, no es gratis.
Y no hablamos del “bloque comunista “, sino que son países de la “Europa civilizada” quienes abiertamente se oponen a esta forma de ejercicio del Poder. Los gobiernos de Italia, Reino Unido, España y Dinamarca, sólo por nombrar algunos, entraron en tensiones diplomáticas y públicas por no alinearse a las locuras del eje Yanki-israeli. La prensa argentina soslaya estas barbaridades, diciendo que son “cuestiones de estilo” o “formas” del presidente. El mundo no abona a esta miopía relativista que solo engendra odio y violencia.
Es por eso, queridos argentinos, que toda esta campaña no es contra nosotros. Es contra Milei, es contra este grupo de violentos marginales lamebotas que gobiernan nuestra querida Argentina. Sin duda, la bronca que el mundo destila es contra las barbaridades que arroja ese impresentable presidente, quien (lamentablemente) nos representa cada vez que sale al mundo.

